Pasando la tormenta

Opinión 11 de marzo de 2019 Por
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En momentos difíciles, como en el medio de una tormenta en plena navegación, más allá del oleaje, las lluvias y los vientos que puedan asustarnos o distraernos,  es fundamental mantener el rumbo  y concentrarse en todos los detalles de la navegación, con las manos siempre firmes en el timón sosteniendo el rumbo.

De la misma forma, a pesar de la coyuntura difícil por la que atraviesa nuestro país, es necesario que el gobierno mantenga el rumbo de las reformas económicas y políticas iniciadas en el 2015, sin caer en tentaciones cortoplacistas o demagógicas.

Así, la lucha contra la inflación debe seguir siendo prioritaria. Casi nadie pone en duda que el déficit fiscal es la causa última de nuestra inflación, la segunda o tercera más alta del mundo. De los últimos 127 años de historia de nuestro país, 117 fueron con déficit fiscal, lo que habla a las claras de la irresponsabilidad de nuestros gobernantes. Recién para 2019 se apuesta a lograr un equilibrio primario, que nos permita empezar a combatir este flagelo. Esto implica un esfuerzo enorme y sus resultados no van a ser de la noche a la mañana.

Con alta inflación es imposible que la economía se desarrolle y que las reformas fiscales sean eficaces. Basta, como ejemplo, las reformas impositivas de fines del 2017 -positivas todas-  cuyos efectos quedaron absolutamente diluidos por una inflación del 47,5 % anual.  ¿De qué sirve una baja de cargas sociales o de impuestos, de unos pocos puntos, con ese nivel de inflación?

Otro sendero que no debe abandonarse es el de la apertura inteligente de la economía. A mayor apertura económica, mayor índice de desarrollo humano. Hay múltiples estudios a nivel mundial que lo demuestran. 

Desde hace años Argentina es uno de los países más cerrados del mundo. La apertura económica tampoco luce como un objetivo fácil y rápido de lograr, salvo en lo que al agro se refiere, donde las ventajas comparativas y competitivas lucen evidentes. Este Gobierno ha iniciado un proceso agresivo de inserción de la Argentina en el mundo, abriendo nuevamente mercados cerrados hasta el 2015. Falta una capacidad empresarial para darle contenido a esos acuerdos, un ejemplo de que se puede, es la económica del conocimiento, donde Argentina ya es un exportador por más de 6.300 millones de dólares anuales.

Si hay un sector en el que hubo un quiebre de tendencia, es en el energético, yendo del déficit al autoabastecimiento, destrabando Vaca Muerta y dando impulso a las energía renovables, entre ellas solares en Jujuy y eólicas en la Patagonia.  

En plena 4º revolución industrial, tenemos una legión de ciudadanos cobrando planes sociales, sin haberse capacitado, ni formado por años y por generaciones. Este también es un cambio estructural que ha iniciado esta gestión, exigiendo capacitación y no subordinación política. Ninguna economía se desarrolló con una parte importante de sus recursos humanos fuera del circuito productivo. La verdadera inclusión es a través de la educación y la formación para el trabajo, circunstancia que importa un proceso lento y prolongado. Según datos del Ministerio de Desarrollo Nacional, más del 60% de quienes perciben planes no han terminado la secundaria.

Existe sobrada evidencia empírica, de que a mayor nivel de transparencia, mayor índice de desarrollo humano, a la inversa, a mayor corrupción y decadencia institucional, más pobreza e indigencia. CAMBIEMOS ha provocado en este asunto un giro de 180º, basta observar el desfile por tribunales de empresarios y políticos corruptos, personas que hasta no hace mucho, detentaban un poder e influencia significativa. Este proceso debe continuar y profundizarse, es hora que también los jueces corruptos sean apartados de sus funciones.

Las reformas estructurales señaladas: reducción de la inflación, apertura inteligente de la economía, inclusión social de los sectores marginados a través de la educación y fortalecimiento institucional entre otras; son lentas, pero cuando se ponen en marcha y se van concretando, sus resultados, en términos de desarrollo económico, son sustentable en el tiempo.

Es comprensible que quienes están atravesando esta etapa de transformaciones económicas e institucionales con sacrificio y muchas veces a costa de dificultades económicas, cuestionen las necesarias transformaciones que se están llevando adelante. Lo que no es comprensible es que quienes poseen un rol dirigencial o son importantes comunicadores sociales sean incapaces de tener una mirada de mediano y largo plazo, es evidente que la especulación personal, la demagogia y el populismo es lo que prevalece.

Es meritorio, que en un año electoral, el gobierno privilegie el mantenimiento de las reformas señaladas por sobre cualquier acción demagógica de corto plazo, pero debe mejorar su comunicación sobre estos aspectos. Estoy seguro que si somos capaces de explicar de manera clara y simple los desafíos a los que debemos enfrentarnos para dejar el subdesarrollo definitivamente atrás la gente acompañara este necesario proceso.

En esta navegación el gobierno debe cuidarse mucho de dejarse atraer por “cantos de sirena”, que solo proponen parches de corto plazo, debemos trabajar de una vez por todas en sentar las bases definitivas para un crecimiento sostenido. Esa es la diferencia entre un estadista y un populista.

*El autor es Contador Público y especialista en derecho tributario (UBA). Ex Presidente de la UCR de Morón. 

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